o de como Fede Vazquez planea atacar la C.A.B.A.
Al menos uno revolvió el avispero, y lo que lo hace más destacable es que es "propia tropa", me refiero a Fede Vazquez y su diario de a bordo de la situación del kirchnerismo en los centros urbanos y su relación con los sectores medios. Algo que no me quita el sueño pero que hay que pensar y ponerse a actuar en consecuencia con lo que se concluya.

En uno de los escenarios posibles para después de 2015, el de que otro gobierno no necesariamente antik y tal vez peronista y continuador sea el eje bajo el cual se ordena la puja política de los próximos 8 años siguientes a esa fecha, el kirchnerismo se juega sus chances de superveniencia más allá de los sillones oficiales.
El kirchnerismo, señores y señoras, como el peronismo, el sciolismo y tantos otros "ismos" se armaron a partir de haber alcanzado el poder, la gran duda es como continuar cuando sobreviene
"el dolor de ya no ser" y a esa hipótesis la niega mas de uno, quizás por que no sepa como seguir, la inseguridad provoca vértigo, fijate que en Alemania la incertidumbre laboral o la perdida del trabajo puede ser atenuante de un crimen. O, tal vez, por que piensa que planteárselo es yeta. Que se yo, los conozco pero no los entiendo mucho, no soy clasemediero.
Vamos a los bifes, olvidémonos por un momento que hay bombas en teatros, cines y cajeros que, tal parece, buscan distraer mi atención.
Pasó el tiempo en el que el kirchnerismo soñaba con ser una fuerza de centroizquierda, con base en los sectores medios y aliados -por solidaridad de un lado y necesidad del otro- con los sectores más vulnerables que, por alguna razón, no quieren encuadrarse en los movimientos sociales, tal vez sea por que el diseño de los mismos se hace desde la atenta mirada de sectores medios altos, que parecen tener en sus manos el control remoto.
Ahora el kirchnerismo quiere ganar, si fuese posible, con mas del 50% en cualquier elección vengan de donde vengan, sin devaneos ideológicos.
Un problema (
Houston, no es el único, ni el mayor) es que si se da la hipótesis de la que estamos hablando el kirchnerismo va a quedar reducido a sus expresiones urbanas y clasemedieras y, por rara elección del destino, es el punto más flojo del kirchnersimo, su militancia real, palpable, va a estar alli y la otredad si no se la prepara para la tolerancia va a tratar al otrora hegemónico kirchnerismo como a una secta fundamentalista.
Se que Fede Vazquez analiza desde el convencimiento de que etapas aun mas de gloria para el kirchnerismo sobrevendrán a la actual, como sea, sirve, en su hipótesis como en esta que lanzamos aqui.
He aqui los enlaces al posteo FV y uno que hace mención en un punto (no se ofendan por las comparaciones) en donde la táctica de aproximación y aborde resultó exitosa.
(1)
Hay otra “juventud”, muchachos.
Crecida en estos años kirchneristas. Claudia y Marcos, los de la publicidad del Banco Galicia, que trabajan y consumen con los parámetros de una Argentina que, si no salvó a los del fondo, le puso un resorte económico de aquellos a una clase media que volvió a respirar, a engordarse.
Pero no es sólo eso: Claudia y Marcos hacen Tai Chi Chuan y se van de vacaciones a Cabo Polonio, mientras entran a Garbarino por un Plasma.
O sea, primero: no somos tan distintos.
Fede Vazquez en Artepolitica.com.ar
(2)
La estrategia silenciosa de la Mafia
El asesinato de los jueces Falcone y Borsellino acabó por convertirse en una derrota para la Cosa Nostra
“Los hombres de honor no son ni diabólicos ni esquizofrénicos. No matarían a sus madres por unos gramos de heroína. Son hombres como nosotros”, explicaba Falcone. “La tendencia del mundo occidental consiste en exorcizar el mal proyectándolo sobre etnias y comportamientos que se antojan diferentes a los nuestros. Por contra, si queremos combatir a la Mafia de manera eficiente no debemos transformarla en un monstruo ni pensar que sea un pulpo o un cáncer. Debemos reconocer que se nos parece", proseguía. Los asesinatos de Falcone y Borselinno marcaron el máximo poder de la Mafia, pero también su debilidad: fue el momento en que el Estado italiano comprendió hasta qué punto se le parecía y comenzó a luchar contra sí mismo.