sábado, 1 de abril de 2017

El ostracismo interno de Massa

Leopoldo Marechal por haber apoyado abiertamente "el regimen" dictatorial de Perón fue marginado de la vida cultural del país, y dado que el control social en ciertas esferas funciona con una eficacia admirable pocos de los amigos del arte se animaron siquiera a visitarlo. 

El autor de Adan Buenosayres y El banquete de Severo Arcángelo solía decir que vivió una etapa de "ostracismo interno" que por suerte el tiempo hizo olvidar. El que se ha separado de la exposición publica, aunque es dable destacar que en su caso es voluntario para hacer justicia con el gran Leopoldo, es Sergio Massa.

El origen del silencio de Massa puede deberse, dicen por ahí, a dos razones
- Que se hundan mientras escapo a la succión. Macri está cayendo (en realidad cayó todo lo que tenia que caer y ahora se amesetó a un nivel péligrosamente bajo) entonces Massa se corre para que no le haga el abrazo del oso. 
"Plata o mierda": idem al punto anterior pero como CFK medía mal le vino bien la polarización para levantar apenas un poco y Massa se corre, da la impresión de estar dispuesto a que CFK leve lo mas que pueda y le gane al macrismo devaluado. Atiza el terror conservador a abordar el helicóptero de de la Rua a limites de jugador de a todo o nada.
Dos elementos a tener en cuenta en el descule de los días que transcurren:
- La herramienta del gobierno, como la de cualquier gobierno del mundo, para construir el escenario soñado es la extorsión.
- La única convicción que guía a CFK en estos momentos es asegurar para ella y su posteridad la libertad ambulatoria en el suelo argentino y el macrismo tiene las llaves de su seguridad.
Alicia Kirchner va a pedir agua al macrismo y este le pone una anchoa en la boca y, a la vez, ajusta aun mas la morsa que aprieta judicialmente a su cuñada que supo granjearse el odio de la magistratura. Y así mantendrá  la relación hasta junio para que CFK juegue o no juegue en PBA según su conveniencia.

No hay estrategia que no contenga al menos una contra. Nuestra gran contra es que finalmente el macrismo haga jugar en la PBA (la locación donde se define el partido) al elemento retardante (CFK) del regreso de las fuerzas populares al poder y su herramienta mejor preparada en equipos y de mayor prestigio que, en la actualidad, es el Frente Renovador. Pero eso solo sucederá si esmerila bastante a la ex presidenta y si logra que se presenten varias listas con componentes peronistas  en el distrito de marras.

De los principales jugadores del match podemos resumir:

No hay dudas que el macrismo construye un escenario a la baja. Tiene la gran contra de que sus políticas económicas son decididamente antipopulares, si hasta da la impresión de haber convocado una marcha mas en defensa del tarifazo de Aranguren que de la estabilidad que de su gobierno.

CFK, telonera del macrismo, pelea por su libertad (o impunidad). 

Massa es el tipo que mejor elije a sus aliados: en 2013 fue Dario Giustozzi, en 2015 que nos abrió la tercera seccion electoral sin la cual no había elección. Ni que decir del gigante gallego de la Sota en 2015 montandose la campaña al hombro como si fuese suya y en 2017 Margarita Stolbizer. A todos, cualquiera sea el rumbo que tomen después de habernos dado una mano de manera leal, le debemos el respeto que se han ganado por actuar con el desprendimiento que que pocos políticos muestran hacia circunstanciales aliados. 

Pero estas son elucubraciones de un Renovador y para no caer en la endogamia salgo de aquí y los llevo al escenario macrista de polarización descrito por un especialista. 

Nacho Fidanza en su portal nos cuenta que:
En lugar de debatir sobre los costos y beneficios de un país transformado, la sociedad va ingresando a un debate con gusto a viejo: Como un mal remix del 2015, otra vez la disyuntiva es si regresamos a la versión local del chavismo -según la óptica del PRO- o nos hundimos en la miseria y la exclusión que propone el neoliberalismo extremo de Macri -según los kirchneristas-.
Y lo peor es que funciona. Cristina crece en las encuestas, la gente que no la quiere se asusta, el Gobierno atiza ese miedo y empieza a recuperar desencantados. Esa dinámica tiene, ahora como entonces, una víctima: La avenida del medio que insiste en transitar Sergio Massa.
Una elección desangelada, que apelando a la sinceridad brutal de Gabriela Michetti, casi sería mejor evitar.
Como eso no es posible, porque existe la Constitución y las leyes electorales, el plan oficial quedó reducido a extraer hasta la última gota de sangre a una polarización que pide al votante, un último esfuercito. Luego, si se sortea esa curva peligrosa, finalmente llegará el Walhalla de la Argentina prometida, que tuvo un inesperado delay de dos años, pero ya está, falta poco.
Es un momento crítico: ¿Cómo negarlo?
"Después del 2017 se termina la carta de la polarización. Si gana el kirchnerismo entramos en crisis y si ganamos nosotros, el kirchnerismo inicia su extinción y para el 2019 el peronismo va a tener otra propuesta", reconoció a este cronista uno de los hombres más importantes del universo oficial.
Sin embargo, la apuesta a forzar los límites de la sociedad, obligándola a elegir entre Frankenstein y el Petiso Orejudo, es volátil: Basta que algún dirigente -Massa,..o cualquier otro- tenga el olfato para sintonizar con el fastidio que derrama esa encerrona de expectativas miserables, para que el andamiaje vuele por el aire. No es sencillo, pero tampoco imposible. (Ignacio Fidanza)
que invito a leer.
Hasta mañana