miércoles, 18 de septiembre de 2013

Soberana estupidez

Lucas Carrasco nos pone al tanto:

Fernández Díaz recuerda, por el video subido en este blog (lucascarrasco.blogspot.com), cuando Cristina, como militante de Cavallo, narraba el fin de ciclo de Menem


Fernandez Diaz dixit 
La descripción que el primer ideólogo (Abelardo Ramos)de Cristina hacía del llamado "peronismo revolucionario" tiene dos renglones impiadosos. Primero, consideraba a sus militantes como meros injertos extraños al peronismo y también como parte de "la pequeña burguesía": intentaban elevarse "sobre la sociedad materialista y pretendían superar el egoísmo de las masas, sumidas en su rutina. El terrorismo viene a resultar nítidamente un ideal aristocrático llevado a su fase heroica". Luego se burlaba de los Montoneros: "No puede considerarse seriamente como trabajo de masas de los grupos armados, el filantrópico reparto de leche o las arengas ante obreros de una fábrica bajo la protección de una metralleta -escribía-. Nunca en ninguna parte del mundo un grupo insignificante ha podido decretar la lucha armada a espaldas de la situación económica y política de la sociedad real. Esta lucha sui generis tiene un nombre muy viejo: terrorismo". Y coloca esa actividad terrorista, que "acentuó sus atentados precisamente a partir del triunfo del peronismo", entre las tres causas que llevaron al golpe militar contra Isabel Perón. 
Como puede apreciarse, el pensamiento de Ramos pone en jaque toda la épica ficcional que crearon los setentistas y también al relato idílico, el gran puchero ideológico que inventó y cocinó el kirchnerismo para usarlos como fuerza intelectual. Las ideas setentistas, las categorías de izquierda y derecha, y hasta la tradicional dicotomía de peronismo y antiperonismo, eran ya anacrónicas antes de comenzar la "década ganada". Sus vetustas patologías fueron reactivadas y sacadas del sarcófago por los médiums oficiales con increíble frivolidad pragmática y con deseo de dividir aguas entre la patria y los cipayos. Combustible para anatemizar a los críticos del modelo y placebo para militantes con pocas lecturas y mucho entusiasmo.
Los viejos setentistas abrazaron con fe ciega al kirchnerismo porque era el último tren al que podían subirse. El final de esta época tal vez coincida entonces con el ocaso de su influencia. 

Con respecto a la superstición de izquierdas y derechas, digamos que esta semana ha experimentado un espectacular eclipse. Por decisión presidencial, Insaurralde, Berni, Randazzo, Marambio, Granados y Curto (disfrazado con un chaleco antibalas) quedaron a la derecha de Massa. Se corrieron, en materia de seguridad, de la "sensación" a la desesperación. Sin advertir que lo contrario de una tontería puede ser una soberana estupidez, el oficialismo pasó sin escalas de Gandhi a Harry El Sucio. Cristina ordenó las dos cosas. Que se mostraran duros para ganar el electorado y que sus mujaidines salieran a diferenciarse para preservar al voto ideológico.
Donde se ve con mayor dramatismo que se termina un ciclo histórico es en el conflictivo eje peronismo versus resto del mundo. Hasta no hace mucho los funcionarios kirchneristas podían gritarle "gorila" a cualquier opositor, puesto que lo hacían desde la centralidad del movimiento. Primero se fueron los disidentes, luego los sindicalistas y ahora lo hacen, en estampida, gobernadores, intendentes, legisladores y punteros. Ya no es posible que el cristinismo acuse de antiperonistas a sus principales críticos, puesto que ellos son más peronistas incluso que quienes pernoctan en Balcarce 50.

1 comentario:

guido dijo...

¿Me explicás la contradicción entre la CK del vide y la de hoy? Yo no la veo, cierto que soy miope pero...