miércoles, 18 de enero de 2017

No siempre ir para adelante significa avanzar

Algo huele mal en la casona familiar de los inmigrantes Macri. Don Franco salió a desmarcarse de Mauricio. Su hijo no tiene margen, ha caído en las mediciones de imagen y todo indica que las malas noticias a la población lo van a hacer caer mas. Mauricio siempre jugó fuerte a fortalecer la imagen de tipo exitoso en sus empresas (en el sentido mas extenso del termino). Lo logró con Boca Jrs y la fama lo acompañó durante el decenio "populista", tiempos en los que los excedentes del boom de los commodities derramaron sobre la vieja economía pastoril obras y limosnas publicas y permitió a los  polarizadores de la Argentina zafia, los Kirchner y los Macri, darse el lujo de ser mecenas culturales, obvio que con plata ajena.

Dicen que el Presidente quiere quedarse mas allá de 2019, Diana Conti va a ser una prudente ciudadana al lado de los que por seguir nombrados o persiguiendo la fantasía de algún negocito van a clamar por un "Mauricio Eterno".

El problema de ser un empresario exitoso es que se clava en los demás la sospecha del lucro personal como motor de sus acciones. duda que un político debe, al menos, disipar. Los tiempos  nos trajeron novedades, Macri y Trump son ejemplos de que la avidez de acumular riqueza personal ya no es condenada al extremo de vetar a un candidato, pero no hay que tirar demasiado de la piola. 

Macri conseguía humanizarse fotografiado al lado de una mujer en silla de ruedas, o al lado de un chica de barrio, pero eso nunca alcanzó. Debía montarse una historieta de desavenencia con Franco, aquel que indisimulablemente se dedicaba al incremento del patrimonio familiar, Y así se hizo, si hasta se ordenó la edición de unos cuantos libelos que bajo el manto de biografías no autorizadas de los distintos miembros del clan nos mostraron la dimensión de la grieta que separaba a Franco y su vástago. poniendo el acento en los motivos que guiaban su conducta. "Mauricio es Macri" falló por no haber puesto el acento en "Mauricio es Mafia Contratista", quizás porque quienes debían llevar adelante esa campaña tenían la cola demasiado sucia y no quisieron que la sangre llegue al río.

La corrupción en la obra publica y sus dos lados del mostrador parace una malformación congénita de los estados capitalistas.


El "le pongo un 5" de Franco respecto de la calificación de la gestión del hijo dilecto de la Patria Contratista ejerciendo una función pública es un paso mas del minué que los Brancatelli y los Débora Plager deberán amplificar hasta el hartazgo. ¡Es el sistema, estúpidos!!!.

Esta pagina, por descarte, ha llegado a la conclusión de que los únicos candidatos que le quedarán en PBA al macrismo son Stanley-Manes y sobre esa presunción trabajamos para armar el escenario.

El apellido Macri ya no es un activo,  muy por el contrario los que lo portan por borda echan lastre y de ahi la calificación de un "5" del progenitor al heredero y el vuelto del nene: "el 5 de mi papá, teniendo en cuenta lo severo que es especialmente conmigo, es como un diez tuyo".


Como en árabe, ¿o en chino?, "Crisis" significa oportunidad, algunos sacan ventaja del drama.

Un sobrino de Franco, Jorge, quiere ser el senador por la PBA pero no le alcanza, por ahora su única ficha es que el primo presidente se ponga loquito y quiera echarse la campaña encima, jugandose hasta la gobernabilidad futura a plata o mierda. Si el cousin presidencial quiere plebiscitar su apellido, quizás el primo Jorge se de el gusto y pase el papelón de su vida, o quizás cuando prime la cordura, ya cuando la sensación de helicopterabilidad crezca, lo van a bajar sin mas. Esta pagina, repito, se juega por la segunda opción.

Macri y CFK han elegido enemigo dentro de la zona de comodidad de todo mediocre, emparejan para abajo. 

Macri, como la mayoría de los políticos argentos, por su escasa formación y poco talento, no tiene idea que los (poderes) ejecutivos tienen la obligación de prefigurar la oposición de manera que si falla su opción se consolide la contraria que lleve adelante su sociedad, pero andá a pedirle tamaña entrega personal por el país a un saco de nervios y vanidad!.

Macri y CFK, remedo anodino de los conferencistas de Yalta y Potsdam, necesitan que no haya terceras posiciones. En boca de Duran Barba o de Artemio Lopez "Massita fue". se imponen escenarios a gusto y piacere de los cortos de vista. no va a haber carta para elegir el menú, este será reducido por la estrechez mental maniquea, y que mejor homenaje a esa doctrina que posicionar a un tipo que se apellida Manes.

Lo cierto es que la pelea se define en PBA.

Es la realidad la encargada de noquear a los reducidores de cabezas. en la Provincia de Buenos Aires Macri está en tercer término y Vidal empieza a sentir el peso de caminar acompañada por uno de los elementos mas destacados (y menos refinados) de la Patria Contratista. CFK marcha segunda detras del preferido de la fotografía de hoy dia, la gran promesa de los sectores medios, el huracán caribeño del delta: Sergio Massa.

Pero ojo, a no equivocarse, Macri es quien está en el podio, aunque las mediciones indican que abandona el cenit de preferencias populares, hay un minimum de política que lo sostiene, tiene al estado mayor mediático comiendo de su mano y tiene toda la papota del estado nacional mas dos de los estados mas voluminosos y presupuestariamente ricos jugando para el, con eso solo le alcanza para mover el balón. 

Verbigracia: quedan peleándose por entrar al dueto Massa y CFK. 

CFK que nunca mas traerá las victorias al palo peronista, Y Sergio Massa, que según dicen los que saben anticipar competirá contra Vidal en 2019... y se sabe de la maldición de los gobernadores bonaerenses.


Si Massa le gana a Macri en 2017 y en la PBA, porque está visto que el presidente se encaprichó, por mas que aumente su representación en el Congreso, será el fin de Cambiemos y el fin de la reelección de la candidatura de Macri para una eventual reelección. 

Disgrsión: En esta campaña quedará mas que expuesta el terrible deficit que tiene Massa en redes. Flanco debil que CFK y el macrismo van a explotar.

Ahora los invito a leer otro fragmento del libro "El silencio de los animales. Sobre el progreso y otros mitos modernos"  de John N. Gray que pienso describe la idea de Progreso que mueve a los egresados del "Cardenal Newman" en el poder en este momento.  


La cripta de los capuchinos

En su autobiografía "El mundo de ayer" (1942), el escritor Stefan Zweig describía el imperio austro-húngaro en el que había crecido como «un mundo de seguridad»: 
"Todo en nuestra monarquía austríaca casi milenaria parecía asentarse sobre la permanencia, y el propio Estado parecía la garantía suprema de esta estabilidad […]. Nuestra moneda, la corona austríaca, circulaba en relucientes piezas de oro, una 36 garantía de su inmutabilidad. Todo el mundo sabía cuánto tenía o cuánto le correspondía, qué le estaba permitido y qué prohibido. […] En aquel vasto imperio todo ocupaba el lugar que le correspondía, firme e inmutable, y a la cabeza estaba el anciano emperador; y si éste se moría, uno sabía (o creía) que otro vendría a ocupar su lugar, y que nada cambiaría en el bien calculado orden. Nadie pensaba en las guerras, las revoluciones o las subversiones. Todo lo radical, toda la violencia, todo parecía imposible en aquella era de la razón."
La visión de Zweig deja fuera gran parte de lo que contenía de fraudulento y de incierto del imperio de los Habsburgo. Aun así, el mundo descrito por Zweig sí que existió hasta que la Primera Guerra Mundial terminó con él. Por gran parte de Europa, ejércitos enfrentados de desposeídos lucharon por el poder en lo que pronto se convirtió en una lucha a muerte. Con la ayuda de Woodrow Wilson, el profeta estadounidense de la autodeterminación nacional que selló la destrucción del orden de los Habsburgo en la Conferencia de Paz de Versalles, Europa se convirtió en un campo de batalla de grupos étnicos. Las clases medias estaban arruinadas por los vaivenes de la economía, que había pasado de la inflación a la deflación para volver a la hiperin- flación, mientras que los trabajadores sufrían las consecuencias del desempleo masivo. Los grupos políticos se escindían en sectores extremistas: los fascistas y los comunistas rechazaban la democracia, y los partidos moderados se mostraban incapaces de hacerse fuertes en el espacio que quedaba en el centro.

El antiguo orden había saltado por los aires y no había nada con lo que remplazarlo. No sólo estaban en conflicto los intereses y objetivos de grupos étnicos y sociales. Los ideales y los valores se oponían de manera irreconciliable. En estas circunstancias, la mejora progresiva no era más que otro sueño utópico. El progreso en la civilización sólo es posible en los interludios durante los cuales la historia está en reposo.

En "La cripta de los capuchinos", una novela corta publicada en 1938, Joseph Roth plasmó uno de esos últimos momentos que tuvo lugar durante su vida al describir una estación de ferrocarril en el verano de 1914: 
"La estación de ferrocarril era pequeña […]. Todas las estaciones de ferrocarril se parecían entre sí en el antiguo imperio austro-húngaro. Eran pequeñas y estaban pintadas de amarillo, como gatos perezosos yaciendo en la nieve en invierno y en verano, protegidas por el tejado de cristal sobre el andén y vigiladas por el águila doble negra sobre fondo amarillo. El oficial era el mismo en cualquier parte, tanto en Siploje como en Zlotogrod, con la barriga embutida en el inofensivo uniforme azul y llevando bajo el negro cinturón una campana cuyo agudo tintineo anunciaba la salida de los trenes. En Zlotograd también, como en Sipolje, colgaba por encima de la oficina del jefe de la estación, en el andén, el aparato de hierro negro a través del cual, milagrosamente, sonaba el distante timbre metálico del teléfono, delicadas y encantadoras señales de otros mundos que le hacían a uno preguntarse por qué se refugiaban en una estructura tan pequeña pero tan pesada. En la estación de Zlotograd, al igual que en la de Sipolje, el oficial saludaba a la llegada y a la salida de los trenes, y su saludo era una especie de bendición militar"
Ese mundo se terminó con la Primera Guerra Mundial y sus secuelas. El desencadenante de la catástrofe fue un asesinato que muy bien podría no haber ocurrido. Gavrilo Princip, el nacionalista serbio que disparó a Francisco Fernando causándole la muerte el 28 de junio de 1914, formaba parte de una banda que había intentado hacer volar al archiduque por los aires justo después de las diez de la mañana del mismo día. Francisco Fernando se tomó a broma aquel atentado fallido, y la comitiva prosiguió su camino para cumplir con un compromiso oficial. Una vez terminado el evento, Francisco Fernando volvió a su coche, que se puso en marcha junto con el resto de la comitiva. Pero el conductor se equivocó en un giro y el coche se detuvo, entonces Princip, que se había dirigido a una delicatessen cercana después del atentado fallido, tuvo la oportunidad de disparar a quemarropa al archiduque. Si el conductor no hubiera girado donde lo hizo, si el coche no se hubiera calado o si Princip no hubiera ido a la delicatessen, el asesinato no habría tenido lugar, pero ocurrió y al asesinato siguió todo lo demás.

Al reconsiderar el reinado de los Habsburgo desde el punto de vista privilegiado de la Europa de los años treinta, la imagen que Roth nos proporciona está considerablemente embellecida por la memoria. Aun así, es cierto que el mundo cuya pérdida lamentaba carecía de las peores lacras humanas del mundo que estaba por venir. El imperio austro-húngaro no era un Estado moderno, ni siquiera durante los sesenta y pico años del reinado de su último emperador, Francisco José, cuando acogió los últimos avances en la tecnología moderna, como el ferrocarril y el teléfono. En el destartalado orden de Francisco José, algunos males antiguos, que Estados más modernos reviven en su búsqueda de un mundo mejor, parecían haberse suavizado. La tortura había sido abolida por la emperatriz María Teresa en 1776. El odio y la intolerancia no estaban ausentes –la Viena de finales del siglo XIX tenía un virulento alcalde antisemita, por ejemplo–. En cualquier caso, la falta de democracia en el sistema de los Habsburgo servía como barrera contra los movimientos xenófobos de masas que se extenderían más tarde por Europa Central. Los habitantes del imperio no eran ciudadanos, sino súbditos, un estatus que les privaba del placer de justificar el odio haciendo referencia a ideales de autogobierno. Sólo en el curso de la lucha por la autodeterminación nacional empezó a creerse que cada ser humano tenía que pertenecer a un grupo definido en oposición a los demás.

Roth analizó este proceso en la novela corta El busto del Emperador (1935). Roth escribe que unos años antes de la Gran Guerra: 
"… la llamada «cuestión de la nacionalidad» comenzó a ser aguda en la monarquía. Todo el mundo se alineaba –bien porque querían hacerlo o bien porque simulaban querer hacerlo– con uno u otro de los muchos pueblos que solía haber en la antigua monarquía. Porque en el curso del siglo XIX se había descubierto que cada individuo tenía que pertenecer a una raza o nación en particular si quería ser un individuo burgués perfectamente acabado […]. Todas esas personas que nunca habían sido otra cosa que austríacas, en Ternopil, en Sarajevo, en Viena, en Brno, en Praga, en Chernivtsi, en Oderburg, en Troppau, nunca nada excepto austríacas, ahora empezaban, de acuerdo con “la orden del día”, a llamarse parte de la “nación” polaca, checa, ucraniana, alemana, rumana, eslovena, croata, etcétera."
Con la desintegración de la monarquía de los Habsburgo, estos grupos recién formados pudieron ocupar su lugar en las luchas por el territorio y el poder que llegaron después. Como Roth había previsto, los mecanismos arcaicos del imperio se reemplazaron por los emblemas modernos de la tierra y de la sangre.


Roth pasó de ser un progresista que miraba hacia el futuro con entusiasmo a convertirse en un reaccionario que miraba con cariño hacia el pasado representado por el imperio de Francisco José. Sabía que su nostalgia era en vano. La antigua monarquía había sido destruida no sólo por la Gran Guerra, sino también por el poder de los ideales modernos. ¿Cómo podría una persona que creyera en el progreso aceptar un tipo de autoridad sustentada sobre los accidentes de la historia? Aun así, la lucha por el poder que siguió una vez que el imperio desapareció, fue salvaje e inmisericorde.


Además de la formación de las naciones, existía «el problema de las minorías nacionales». La limpieza étnica –la expulsión forzosa y la migración de esas minorías– era una parte integral de la construcción de la democracia en Europa Central y Oriental. Los pensadores progresistas veían este proceso como una fase en el camino hacia la autodeterminación universal. Roth no tenía estos delirios. Sabía que el resultado final no podía ser otro que el de los asesinatos en masa. En una carta que escribió a Zweig en 1933, advirtió: «Vamos a la deriva hacia grandes catástrofes […]. Todo nos lleva a una nueva guerra. No apostaría un céntimo por nuestras vidas. Han establecido el reinado de la barbarie».

Roth pudo escapar del destino que había previsto para sí mismo y para otros. Huyó de Alemania, donde había estado escribiendo para el periódico liberal Frankfurter Zeitung, para establecerse en París, donde produjo algunas de sus mejores novelas, relatos y artículos periodísticos. Murió allí de cirrosis alcohólica en 1939. Cuando fue enterrado había un representante de la monarquía de los Habsburgo al lado de un delegado del Partido Comunista, y frente a la tumba se rezaron oraciones católicas y judías. Zweig sobrevivió algo más. Dejó Austria en 1934 para vivir en Inglaterra y en Estados Unidos, y se trasladó finalmente a Brasil en 1941. Un año después, temeroso de una victoria del Eje después de la caída de Singapur, se suicidó junto con su mujer, sólo unos días después de terminar "El mundo de ayer" y de enviar el manuscrito por correo a la editorial. 



EL SILENCIO DE LOS ANIMALES
John Gray
Traducción José Antonio Pérez de Camino