miércoles, 21 de octubre de 2015

Para todos todo


"El peronismo funciona como un subsistema del sistema político que articula rupturas y continuidades" dice Martin Rodriguez. La Nación titula "Los partidos se ríen de sus sepultureros" frase que saca de la boca de Andrés Malamud. Manisfestaciones, ambas, del lavado de cara a las fuerza del bipartidismo del Pacto de Olivos que esconde la verdad: ambas estructuras son realidades vituales. El comité central de UCR de la calle México de CABA es un club de legisladores nacionales y el PJ solo existe en la laptop de Landau (como bien dice el amigo platense).

Ambos partidos son fuerza laboral tercerizada, tracción a sangre humana para el marketing naranja o amarillo (re-leer "tercerizados"). La "vitalidad" que demuestran en campaña es solo eso, ese el unico momento de existencia, luego son freezados, y lo peor que -salvo raras excepciones- aceptan mansamente su destino.

Cabe la pregunta: ¿Cuando negocio electoral fue sinónimo de vigencia?

En 2001, Norberto (hoy FR) y Juan (hoy FPV) estaban "indignados" con el duhaldismo y, obvio, con la Alianza UCR-Frepaso y me decían que había que votar en blanco, que todos estos eran una mierda... Les expliqué que el voto en blanco, generalmente, son mayor proporcionalidad de votos positivos para el que gana.

El negocio político era un hecho, la Alianza no ganaría y siempre sospeché que detrás de la campaña de la feta de salame o "clemente" dentro del sobre estaba Duhalde que no conseguiría mas votos para el pero sabía perfectamente que eso ampliaría la victoria.

El indignado suele ser el mas fácil de manipular.

Si, siempre hubo frentes para la victoria, lo único que no se llega a cumplir es que la victoria sea de los mas por sobre de la victoria de los menos que es la que se persigue, la misma Alianza derrotada en la ocasión (2001) fue un Frente para la Victoria y así les fue, a ellos y al país. Que asi no sea.