miércoles, 10 de febrero de 2016

"Pobre Augusto"



El que a hierro mata...
El poder exige que quienes aspiran a el renuncien a las buenas costumbres. Salvador Allende es pintado por la izquierda latinoamericana como un idealista aislado en un gabinete imaginario sin posibilidad de mancharse por el ejercicio de la política pedestre, sin embargo llegó a Presidente por ser un zorro, un astuto político con mas mañas que pelo, con mas agachadas que japonés que recibe visitas, con mas traiciones que esos hijos de Judas que son los peronistas argentinos. 

El poder suele obnubilar a quienes lo ejercen. “Augusto, Augusto, donde esta Augusto…pobre Augusto”… dicen que decía Allende confundido por la metralla y el humo que las llamas provocaban en la Moneda, descontando que  su leal  Pinochet ya habría ofrendado su vida por el Chile socialista y su presidente. Así ocurrió, el chileno socialista moría en su ley, cocinado como el calamar en su propia tinta. hinchado de vanidad, confió que su reconocida “muñeca” evitaría que los que supo comprar para ser leales se sumasen al bando enemigo.

Precuela
El avatar "cristinismo", que asoma a partir de la experiencia de gobierno centro-izquierdista montado en los gobiernos kirchneristas, intenta imponer la tesina de que el peronismo ha sido poco menos que la precuela del kirchnerismo. Por esta desviación de la razón histórica construye traiciones donde hay lealtades a la representación de cada peronista (que lleva en su mochila el bastón de mariscal) que se toma el palo o prudente distancia .

Lejos están los dirigentes peronistas (pejotistas y renovadores) de ser traidores a sus convicciones, por repudiar o poner en duda conducciones impuestas desde arriba, sin olvidar que el cristinismo los llevó a dos derrotas electorales consecutivas que los privó de la gestión de municipios y provincias tradicionalmente peronistas y del gobierno nacional. Mal podríamos compararlos con Pinochet aunque si a CFK, Scioli y Anibal Fernandez con Salvador Allende, el zorro que creyó saberselas todas.

Hoy esa yunta clama “peronismo, peronismo, donde estás peronismo…pobre Peronismo”… y aun no se dió cuenta que el peronismo ha decidido tomar un camino distinto al que le quieren imponer ellos.

No será Fernado Iglesias quien mate al peronismo. De hecho los primeros en extenderle el certificado de defunción -anticipada- fueron los que lo instrumentaron para intentar su eternización, ya sin sentido, en el poder.

Un peronismo todavía oficial pero en franca mengua afirma que la conductora sigue siendo CFK, otros se alejan de esa posición pero sin romper el cordón umbilical adhieren a la idea de convivir en un pejota con la secta cristinista como comparsa muda sin capacidad de decisión. Otros peronismos afirman que no habrá unidad de concepción mientras la secta cristinista deambule en los pasillos de la gran Aldea Peronista.

"El peronismo no está en extinción" afirma el gallego de la Sota y el chubutense Mario das Neves completa: "Cristina Kirchner, Daniel Scioli y Aníbal Fernández se tienen que hacer cargo del muerto, del desastre al que llevaron al partido", "muchas posturas en su retirada fueron funcionales a que Mauricio Macri ganara".

Los de a pie somos espectadores de la puja entre peronistas por imponer la estrategia que cada sector cree conveniente para gestar el regreso al poder y esto determinará las diferencias entre quienes aspiren a la conducción del conjunto.

La sucesión en el peronismo se juega por dentro y por fuera del pejota y empezó a jugarse ya en 2013, imperceptiblemente. Y en esta carrera de largo aliento por la representación del peronismo Sergio Massa lleva varios cuerpos de ventaja.

El peronismo solo regresará al poder con la conducción de Sergio Massa.