viernes, 28 de octubre de 2011

Cristina "Leviathan" Fernandez

o  el lento transito hacia la muerte del "Diario La Nación"


La única Bullrich que labura (Lucrecia, periodista de La Nación) se pregunta 
¿Qué peso tendrá la ideología en el kirchnerismo en la fase que inaugura la reelección de la Presidenta? El refuerzo de la hegemonía oficialista (y la pulverización de la oposición) configuran un escenario proclive a la ideologización. 
En el mundo (de la mano de los indignados), y aquí (kirchnerismo mediante), esa discusión técnica devino en un debate profundamente ideológico: el ajuste y la disciplina fiscal quedaron emparentados con categorías como "imperialismo" y "colonialismo" y las expansivas con el progresismo, el populismo y la izquierda. 
También tendrá que decidir con qué herramientas enfrentar el impacto de la crisis en estas tierras. Los controles que se reforzaron esta semana para frenar la compra de dólares y la legislación destinada a aumentar el circulante sin tomar reservas (vía obligatoriedad de liquidar divisas en el país) buscan enfriar, aunque el verbo esté entre los prohibidos en el diccionario kirchnerista.
El segundo y tercer párrafo hablan de una "instrumentalizacion" de la ideología, cosa que no me preocupa. En esos tramos de la nota están contenidas y de la consecuente visión -mitad mentira mitad verdad- de las primeras medidas serias que se han tomado después de las elecciones. En el primer párrafo está contenida una idea que me hace ruido: "El refuerzo de la hegemonía oficialista (y la pulverización de la oposición)". 

En mesa de blogueros hiper "Kas" (algunos hiper hasta el próximo lunes) hablábamos ayer de posibles parecidos de esta etapa que se inaugura ahorita mismo con otras de la historia nacional. La nota va, creo, por el mismo camino. Pero la proposición de Bullrich (la laburante) es comida exótica,  tiene mezcla de sabores que culturalmente rechazamos. Habla de  la Hegemonía e inexistencia (por muerte violenta y/o suicidio) de oposición, la combinación roza la idea de dictadura por un lado y vacío de poder de contrapeso por el otro.

El gobierno en estas condiciones es el Leviatán bíblico, dueño de un poder descomunal y del cual, se sabe, tenemos el derecho y la obligación de defendernos, sencillamente por que somos derechos y humanos y el Leviatán no. ¿Acaso nosotros no tenemos derechos humanos?, psss

La Nación anda tirando ideas que por ahora no prenden y que no tienen más sustento que la sospecha infundada. Parten de la expresión de deseos de que alguna vez un peronismo constituya una "dictadura" en serio para reordenar el escenario desde el plano de las ideas y poder reconstituir el bando "aliado" en contra de la dictadura fascistoide, no tienen ideas nuevas, rondan las mismas hace decadas.

Antes de leer la mala copia (el Diario La Nación), mejor volvamos la mirada hacia el libelo "¿Que es esto? Catilinarias" de Ezequiel Martinez Estrada, el original de la linea editorial y literaria del diario fundado por Mitre en la actualidad. Un librito intrascendente, producto de la mortificación de un paciente, que degrada a un mas que digno escritor, de el dirán que fue "el estado de queja de comadrona de barrio (lo) que lleva a Estrada a convertirse... en la expresión brutal de los lugares comunes más pedestres"

No hay nada nuevo bajo el sol y esto que vemos en el matutino porteño es solo una vulgata de las "catilinarias" de M. Estrada. Error político de la dirección del diario, que se posa por desesperación en criticas exageradas, producto de un ser que se declara  vencido, y que urde una venganza que en lugar de enaltecerlo lo degrada, como suele suceder con todas las venganzas.

Respecto al traspié hecho libro de Martinez Estrada dice Hernan Sassi
Aquel que gustaba de analizar arquetipos nacionales inmarcesibles como los del gaucho o el guapo, yerra al deconstruir la figura del líder. En erupción volcánica y usando su pluma como catalizador de un encono abrasador, Ezequiel Martínez Estrada, quien como vemos más que nada aquí no sabía elogiar arteramente como el autor de Ficciones, despliega un sinnúmero de improperios: Perón, macarrónicamente equiparado con Hitler y Mussolini, con Al Capone, es alternativamente un gaucho malo, un tránsfuga, un resentido, un cuatrero, un mediocre, alguien con la estatura de un gnomo, un pastor de ovejas, un payaso, cuando no un ángel exterminador, farsante e hipócrita. Dentro de esta caracterología meridiana no puedo olvidar una descripción enternecedora: el General también fue “el que nos robó las cualidades que hacen del ser humano un hombre”. Estos epítetos difamatorios, estas bárbaras analogías, estos comentarios pueriles son acompañados con grajeas zumbonas y también con disparates cándidos como este que no puedo dejar de citar y al hacerlo tampoco puedo impedir que una leve sonrisa se esboce. (Pido al lector que tenga respeto por don Ezequiel y evite no ya la sonrisa, sino la carcajada.) El peronismo, según él en esta eximia hermenéutica política, es “un brote vergonzante de la homosexualidad”.
En ¿Qué es esto? Catilinaria encontramos disparates hilarantes (según Estrada, del '46 al '55 supimos tener campos de concentración dirigidos por una red de espionaje policial; La razón de mi vida es equiparable a Mein kampf; los descamisados fueron las SS de Perón y el líder tenía “ignorancia carismática”), retruécanos insustanciales (“El prestigio de Perón como político se debió a que era militar y su prestigio militar se debió a que era político”, o “El peronismo puso las cosas en el lugar de los valores y los valores en el lugar de las cosas”), lugares comunes propios de señora acomodada o de milico despechado (él, Perón, era la dama, y ella, Eva, el hombre; Eva era una mujer pública, y Perón una caricatura de otra caricatura, Mussolini)...
 Hernan Sassi (cliquear aqui para leer completa)

Ese es el registro actual del diario La Nación y no otro. Aunque sea un negocio editorial su pagina en la internet, no hay que preocuparse en demasía por lo que sus paginas chorrean, por que en definitiva a esa forma de pensamiento le ganamos y enterramos intelectualmente hace décadas, esta vez va a ser un trámite. Pero eso si, hay que pensar que la victoria no llegará por generación espontanea, sino que será fruto del trabajo de brillantes, mas que de acólitos. Y es mejor pensar en creativos en serio y dejar atrás la etapa actual del fundamentalismo comunicacional sin voltear, a riesgo de convertirnos en estatuas de sal.

O.b 

Ilustración de Bob Row (cliquear aqui)