martes, 28 de abril de 2015

Torta y Cuadro de Situación

En el dia del cumpleaños le llevamos una tortita

Y leemos
Los primeros cinco desdoblamientos del año (Mendoza, Santa Fe, CABA, Neuquen, Salta) permiten inferir algunas lecturas, las más de ellas de carácter provincial, pero que pueden ofrecer datos para decodificar el cauce posible de las tendencias nacionales que alumbren en agosto.
Se verifica la lógica local del voto, y la búsqueda forzada de la clase política de asignarlos a una tendencia nacional que el propio electorado se rehúsa a “cantar” en las encuestas. Con una materia prima tan acotada, es lógico que los sondeos fallen o sean disimiles entre sí.
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La elección vecinal de ayer en la Ciudad arroja datos de cierta relevancia nacional que no invalidan el profundo comportamiento local del votante porteño: Macri sorteó el riesgo innecesario de haber optado por uno de sus candidatos y obtuvo entonces un beneficio político extra: desactivó el eventual juego propio de Michetti y mejoró sus expectativas en la búsqueda de mostrar “autoridad política” ante las audiencias sobrepolitizadas.
Pero en el campo del datodurismo electoral (que también da indicios pero más concretos de los límites de acumulación política y liderazgo posibles) se comprobó que a pesar de la expansividad sin precedentes de una Paso competitiva (que permite apreciar la mayor elasticidad posible del catch all macrista), el PRO sacó menos votos ahora que Macri en la elección modelo del 2011 (con todos los oficialismos en fases expansivas atípicas, desde el 54% de Cristina para abajo) y que el índice de presentismo se mantuvo en el numero histórico de la Ciudad en los últimos veinte años, pero fue justamente inferior al de 2011, que a su vez es inferior al histórico de la PBA.
Sería comprensible que ante la detección del “trayecto hostil” para alcanzar la pretensión ganadora de Macri, los Pagni busquen soluciones erráticas que incluyan a Massa sin evaluar correctamente la patrimonialidad electoral de la provincia de Buenos Aires. Es ahí cuando el “40+1” retorna como síndrome de estocolmo de la oposición que no puede ganarle “por sí mismo” al kirchnerismo, y allí reside hoy el principal problema de Macri: en no comprender que su supervivencia política y su “expectativa electoral” existen por el simple hecho de que también Massa está insertado en el escenario electoral nacional.
By Luciano Chiconi
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