miércoles, 11 de marzo de 2015

El post de hoy lo hace Carlos Pagni


Entre los muchos negocios por los que será recordado el kirchnerismo, el de los juegos de azar ocupa un lugar extraordinario. Es difícil encontrar una actividad que, desde el año 2003, haya evolucionado más que la instalación de tragamonedas. No debe sorprender, por lo tanto, que esa explotación controvertida esté ocupando la agenda negra de la campaña electoral. En el centro de todas las disputas está, como siempre, Cristóbal López, que junto a Lázaro Báez ha sido uno de los niños mimados de la "década ganada". territorio más rentable de López es la ciudad de Buenos Aires...Ahora que el poder se encamina hacia un nuevo atardecer, López reaparece. Antes de que se vaya Cristina Kirchner consiguió que Lotería Nacional licite los cinco bingos porteños. El 4 de octubre pasado, bajo el título "Lo que López espera de Macri", LA NACION informó que el amigo de la Presidenta había avisado a los concesionarios de esos bingos: "Me voy a quedar con todo, gratis". La profecía se va cumpliendo. El 20 de enero Lotería comunicó a esos empresarios que las salas serían concursadas. Al día siguiente, el Boletín Oficial publicó la decisión.
La competencia está provocando una tormenta a raíz de dos problemas. El primero es que Lotería está obligada a consultar al Instituto del Juego porteño.. El segundo problema es que el pliego prevé la apertura de nuevos bingos, algo que está prohibido por ese acuerdo del año 2003.
La polémica es inoportuna. Mauricio Macri, que siempre ha negado un entendimiento entre su socio Nicolás Caputo y Cristóbal López, está en plena campaña electoral. Tal vez no le convenga que los negocios porteños de un empresario principal del kirchnerismo irrumpa en la disputa entre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti. O en la que él mismo mantiene con otros candidatos a la presidencia de la Nación.
Ese peligro ya apareció. Hace una semana, Sergio Massa propuso la estatización del juego. El proyecto tiene picardía. Un presidente sólo podría estatizar las salas nacionales. Es decir, el casino de Palermo, los dos barcos y los bingos que licita Lotería. En otras palabras, los negocios de López en el distrito de Macri.
Massa sabe a quien hiere con esa propuesta. No sólo obliga a Macri a pronunciarse, días antes de la competencia que los aliados de ambos en la UCR disputarán en la convención de ese partido...
La verdadera incógnita es el destino de la "industria" del juego en el porvenir de la democracia. Dicho de otro modo: se trata de descifrar si la política argentina perfeccionará una formidable maquinaria que, a escala internacional, suele ser usada para procesar los fondos de la corrupción. Es una cuestión frente a la que todo candidato debería pronunciarse antes de referirse al narcotráfico.
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