sábado, 23 de enero de 2016

Plutarco en Santa Teresita

"El peronismo es ese conglomerado de cientos de miles de personas
que quizá no sepan bien como gobernar, 
pero si de algo entienden es de cómo se pelea por el poder”
Ernesto Tenembaum


La negación de nuestros males nos lleva a repetirlos, para verlos es necesario reflejarse en espejos. La definición de Tenembaum que prologa estas lineas, aunque crítica, no hace mas que reforzar la imagen de maldita maquina de matar para llegar al poder como único fundamento de existencia que hasta los peronistas hemos comprado.

Desde su fundación el peronismo tuvo la vocación, aunque no pudo, de ser un partido hegemonico y de gobierno planta permanente. Digamos un PRI aunque aquí no se reprodujo la formidable continuidad priista, entre otras cosas, conjetura pampa, porque jamás resolvimos el dilema de la sucesión, cuestión que los hermanos mexicanos pusieron en claro desde el primer momento.
‘¡Sufragio efectivo, no reelección!, con este grito Francisco Madero inició en 1910 la Revolución Mexicana, cuyo propósito principal era poner fin al gobierno de Porfirio Díaz que llevaba treinta y cinco años en el poder... La Revolución triunfó y estableció un sistema político que prohibía tajantemente la reelección del presidente. Cabría esperar que de un sistema con tanta alternatividad hubiese surgido un régimen republicano integral pero, tras décadas de violencia, un solo partido, que tuvo varios nombres hasta convertirse en el Partido Revolucionario Institucional, el famoso PRI, cambió el gobierno absoluto de un solo caudillo por el de una organización que monopolizó férreamente el poder por más de siete décadas...
http://www.eluniverso.com/opinion/2014/03/17/nota/2384021/sufragio-efectivo-no-reeleccion
En el medio de esas "décadas de violencia" se sucedieron el primer gobierno de Alvaro Obregón y el de Plutarco Elias Calles.

Del gobierno de Plutarco Elias Calles se decía que era una diarquía, en la que Calles y Alvaro Obregón gobernaban juntos el país, un doble comando. El mandato de Calles se extendió desde 1924 hasta 1928, en su curso se reformó la constitución, se legalizó la reelección presidencial (muchos acusaban a Obregón de traidor a los principios de la Revolución, al haber forzado la falsía respecto a la promesa maderista de no reelección) mientras no fuera en el periodo siguiente a cada mandato, y se extendió la duración de cada gobierno a seis años, en lugar de cuatro, letra constitucional hecha a medida del "manco" Obregón.

El "maximato" comienza cuando al ser proclamado sucesor presidencial Alvaro Obregón, un hombre de igual poder e influencia que Calles -que jamás se hubiese puesto a sus ordenes-, fue asesinado por alguien que solo portaba un arma Star de 6 balas, aunque la autopsia revelara que en el cadáver  se habían alojado 19 proyectiles de distintos calibres entre ellas algunas de largo alcance.
Álvaro Obregón se reeligió como presidente de México y, durante la celebración de su triunfo, fue asesinado en 1928. Es importante destacar que, en un contexto que era propicio para que Calles extendiera su mandato, para sorpresa de muchos, en su último informe de Gobierno, creó la llamada "etapa de las instituciones" (de la Revolución mexicana). Gracias a ello—conforme a lo dispuesto por la Constitución—el Congreso de la Unión designó presidente interino a Emilio Portes Gil, quien convocó a nuevas elecciones para 1929.
El mensaje ante el Congreso no dejaba de ser, sin embargo, una paradoja en sí mismo, pues si bien Calles hablaba de la necesidad de dejar de ser un país de caudillos para convertirnos en un país de instituciones, él mismo se convirtió en un caudillo arquetípico.
El "maximato" (hegemonía del "jefe máximo de la revolución", es decir Calles) a partir de la segunda década del siglo XX marcó la historia mexicana. El presidente Calles, logró reunir al caudillaje en un partido único, el PNR, antecesor directo del PRI. El PNR nace como un partido de Estado, controlado por un solo hombre, y este lo utilizó para repartir el poder entre las diferentes facciones militares, sociales y lideres regionales que tiempo antes se habían visto obligados a armarse para defender lo suyo.

Un solo partido tomando las decisiones y un solo jefe impartiéndolas, esa era la idea de Plutarco. El resto era una suma de ceros.

“El que quiera la silla que se forme”, vociferaba Calles desde mucho antes de convocar la elección presidencial. "Aquí vive el presidente, el que manda vive enfrente", se decía durante el mandato de sus sucesores cuando todo el poder quedó en las manos del fundador del partido.

La gran tentación de todo partido del y para el poder, la perduración de un liderazgo, pone a la sociedad frente al peligro de avanzar hacia las reelecciones indefinidas sin que ese sacrificio tenga un correlato de políticas de carácter superadoras y sustancialmente benéficas para las bases que se dice representar.

Necesariamente un partido formado desde el estado tiene un altísimo componente corporativo ya que la amalgama primaria no se fundó en la convicción de enfrentar con unidad monolítica los embates de otros sectores socio-económico-político regresivos sino por el interés particular de mantener su hegemonía. Este tipo de fuerzas, al menos las que perduran, muchas veces no tienen en claro el para que y crean relatos fantasiosos para justificarse a si mismos. Son el canto a la permanencia por la permanencia misma y de allí que la traición a los principios que se dice sostener es preferible al llano. Lo peor del maximato es que se convirtió en una repartija de negocios para sus hombres que se respetaban entre si las quintitas territoriales y estatales.

La posibilidad de un maximato argento (*) es lo que enviamos a la fosa del Pacífico este ultimo 22 de Noviembre. Aunque en la experiencia argenta no hubo continuidad en los gobiernos de nuestra tradición.

Para evitar que estas lineas sean funcionales a la vereda no peronista debo desmitificar un punto. Un simple repaso demuestra que fueron coitus interruptus. A saber de 1943 a 1955 y de allí 18 años fuera del poder; de 1973 a 1976 y de allí  12 años fuera, de 1989 a 1999 diez años y del veranito de 2001/2 el periodo peronista mas largo que se recuerda que llega a los 13 años. Mirado de otro modo tuvimos un principio en el que por 12 años nuestros, la otredad obtuvo 18 años y por 3 años nuestros la otra vereda nos persiguió otros 12 años y luego se dió vuelta la taba. Pareja la partida. El peronismo gobernó mas que los otros pero no los 70 años, y como la sociedad se dividió en buena parte en peronismo-antiperonismo y se actuó en consecuencia, la otra fuerza tuvo tanta parte de culpa como el peronismo.

De 72 años hemos gobernado 38, que no es poco, no solo por nuestras virtudes, también por nuestros defectos, pero como en todo matrimonio que se rompe, es difícil sentenciar la culpabilidad de uno solo, hay que evaluar lo improvisados, poco serios e inútiles que han sido los que se pusieron frente a nosotros. Si el peronismo disfrutó de los momentos de poder y su contraparte padeció los suyos no es problema que pueda achacarse a los herederos de Perón.

Este posteo tiene que ver con que cada vez que el peronismo tuvo que ser oposición actuó de la misma manera que la otredad lo hace cuando le toca ser oposición al peronismo, de forma cerril, intolerante y destituyente. El FR entiende que ese es un circulo vicioso que hay que cortar. Ayuda mucho al sostenimiento del circulo vicioso señalado la división maniquea del país, la auto-asignación de misiones liberadoras (estas dos características se dan en las dos bandas) y una 3ra propia del peronismo que apuntamos al principio que es la percepción de si mismo de maldita maquina de matar para llegar al poder como único fundamento de existencia cuando está en el llano, desviación formada a partir de la muerte de Perón.

Hacia el interior del panperonismo hay que romper con la idea del partido del poder y para el poder y volver a ser el partido de los humildes con primaveras en el poder. ¿Estaremos a la altura de las circunstancias?
Ob


(*) México tal vez haya ido un paso adelante con la aparición de Lázaro Cardenas 
Aunque Perón coincide, en su momento clásico (1946-1952) con el sexenio de Miguel Alemán, y tiene con el alemanismo ciertos puntos de contacto (economía de alegre prosperidad, industrialismo) su carácter militar lo lleva hacia el momento del maximato y el plan sexenal, donde se encuentra con Cárdenas como esa paradójica figura de caudillo que, en cierto modo, acaba con el caudillismo al institucionalizarlo.
Este es un punto de sutura y diferencia entre las políticas de México y Argentina: en México el inmemorial elemento monárquico es muy fuerte y persiste en la búsqueda de la legitimación, que es esencial a toda corona. El Estado es una suerte de república coronada.
En cambio, en la Argentina, la legitimidad, de tanto darse por supuesta, se obvia, y los poderes personales hacen que domine una forma de república caciquil, de tribu personal. Sólo unos tímidos intentos democratizadores o, antes, de sustitución del caudillaje por una oligarquía, rompieron la tradición apuntada...
Esta diferencia entre el caudillo institucional y el caudillo personal explica, tal vez, la presencia de lo femenino en el peronismo, a contar desde Evita Duarte, y su ausencia en el cardenismo. Cárdenas no fundaba una familia, sino que instituía un funcionariado presidencial que permitiese al Estado garantizar la paz, llevando el ejercito (único de necesidad) al partido (único de hecho).
En México, claro está, un Cárdenas liado con María Félix como ministra de acción social, sería mera ocurrencia. La revolución mexicana se convirtió en un mito épico que inauguraba un siglo amenazado por la guerra pero escasamente dado a la epopeya. (Clic aqui)