viernes, 13 de noviembre de 2015

Ni cambio ni continuidad

Van apareciendo las voces nuevas que traen consigo el necesario revisionismo al relato peronista de la decada en que el "movimiento" fue conducido por los kirchner. Alejandro Sehtman escribe con trazo seguro y desde el principio remarca diferencias con los gendarmes ideológicos de la secta cristinista
Todavía se sentían las réplicas del terremoto causado por la Resolución 125 cuando la revista política inglesa New Left Review publicó un artículo titulado “El fin del kirchnerismo”... 
Como se sabe, el kirchnerismo no sólo no terminó en 2008 sino que encontró en el conflicto con el campo el ímpetu para gobernar por mano propia... Desde ese convulsionado 2008 y durante siete años (con sus tres elecciones nacionales correspondientes), el fin del kirchnerismo permaneció como una de las principales preocupaciones de la política argentina. Para 2015, la imposibilidad constitucional de una nueva reelección de Cristina Fernández primero y la consagración de Daniel Scioli como candidato después parecieron configurar un escenario donde, más allá de quien resulte ganador, el fin del kirchnerismo estaba garantizado. La supuesta similitud de los tres principales candidatos, atribuida a su (falta de) orientación ideológica o a su condición generacional, parecía garantizar por sí misma una superación de la larga década K.
Pero las cosas no sucedieron de ese modo. Lejos de presentarse como una de las alternativas de salida, diferentes factores fijaron el domicilio político de Scioli en la tambaleante casa kirchnerista. Fue a partir de ese posicionamiento que la antinomia cambio/continuidad devino el principal ordenador de la competencia electoral.... 
En algún sentido, la situación parecía parangonarse, en términos políticos, a la vivida en diciembre de 1999. Por entonces, la convertibilidad constituía un consenso fundamental de buena parte no sólo de la clase política sino de la sociedad que sufría sus efectos. De alguna manera, el actual desplazamiento de la mirada desde los evidentes problemas económicos hacia las formas espeja el que tenía lugar en aquel momento en relación con la corrupción. Es evidente que la alta emisión monetaria actual tiene efectos distintos que la convertibilidad. Pero decisiones como la deformación del sistema de estadísticas, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que permite la utilización del total de las reservas y la restricción de compra de divisas y de las importaciones recorren nuevamente el camino de querer acomodar toda la economía a un punto fijo que se presenta como intocable.
Así fue que, sin ningún correlato en términos políticos o de política pública, la “cuestión del estilo” quedó rápidamente sepultada bajo la tensión entre la continuidad y el cambio. Esta tensión, como demostró la irreductibilidad electoral del massismo, no era estrictamente bipolar. Existía, del lado del cambio, una importante porción del electorado identificada con el peronismo pero totalmente extrañada de la continuidad del kirchnerismo. La promesa naranja de devorar ese sector a fuerza de pejotismo quedó incumplida mucho antes de los “sorprendentes” resultados del 25 de octubre...
El domingo 25, el electorado mostró una fuerte desconfianza respecto al impreciso horizonte del desarrollo propuesto durante la campaña por Scioli. Pareciera como si las lecciones aprendidas de la problemática sociohistórica anterior, sabiamente sintetizadas en la noción de “superávits gemelos”, estuvieran más presentes en la sociedad que en la política. El mandato de sentar nuevas bases para el crecimiento empieza ahora a dibujarse con bastante claridad. Más allá del intento de proponer un enfrentamiento de “modelo contra modelo” que realizó inmediatamente el candidato oficialista, lo cierto es que la elección ha corrido el debate hacia la búsqueda de la fórmula electoral y políticamente viable para resolver los problemas estructurales que enfrenta la economía argentina... (sigue)
Escrito vibrante que recomiendo leer completo (clic aquí http://panamarevista.com/2015/11/13/segundo-tiempo/ ). 

A muchos de los interrogantes que describe Sehtman el Frente Renovador/UNA ha respondido. La del 25 de octubre no fue para el UNA/FR nuestra "noche triste", algunos descerebrados festejamos al sabernos único árbol que quedó en pie pasada la tormenta polarizadora y cada día que pasa nos convencemos que estábamos y estamos en lo cierto.

Parafraseando al Vasco Amondarain que suele decir que "Scioli juega a ser un rato cristinista, un rato massista y otro rato la nada misma", que "Macri juega un rato a ser desarrollista, un rato massista y un rato neoliberal que rehuye a nombrar la palabra ajuste y prefiere hablar de Antonita".

Resume la posición de la mayoría del FR/UNA, aunque se vote por Scioli, Macri, en blanco o se anule el sufragio, el amigo Roberto Lavagna que señala
"La opción del cambio no es el cambio para el ajuste. Este es un tema que no termina de ser clarificado. Y quienes encuentren insatisfactorias ambas ofertas, vota en blanco. [...] Tratemos de que haya un cambio, pero que no sea el cambio habitual que hubo en la Argentina por el ajuste. La continuidad no la vamos a votar. Pero el cambio para votar es el cambio por la positiva. Un cambio para venir a hacer un ajuste es invotable" Roberto Lavagna.
Meditemos esto y no caigamos en confusiones debido a operaciones que intentan llevar agua para cada uno de los molinos de estas dos bandas de impresentables que disputan el poder en 22N.