martes, 22 de febrero de 2011

¿de cuanto hablamos?

Pero más que integración, diríamos que “el proyecto” Terniun Sidor constituye un clásico sistema de transferencia de riquezas: se vende barato el acero a sus propias empresas en el exterior para luego importar, mucho más caro, los caños sin costura (que son fundamentales para la industria petrolera venezolana). Se trata de un “valor agregado” que se genera en el propio proceso productivo y gracias a que la empresa transnacional desarrolla las distintas etapas en distintos países.

Este es el sistema de negocios que alberga la tendencia neodesarrollista, surgida en América Latina como resultado de la crisis neoliberal. Proceso que lideran los mismos monopolios que se cobijaron en la ortodoxia monetarista o la desnacionalización del aparato productivo y que ahora, según Claudio Katz, “manteniendo aceitados vínculos con el capital financiero, promueven cursos más industrialistas para favorecer el desarrollo de las nuevas transnacionales ‘Multilatinas’ (como Slim, Odebrecht, Techint)”. “Estas compañías —continúa Katz— lucraron con las privatizaciones, pero ahora priorizan los negocios industriales y jerarquizan el mercado regional”. (Cynthia Lana en "la historia del grupo Rocca-Techint y el Mercosur")
En una entrada anterior que escribí a raiz que el diario La Nación había publicado una editorial en la que se volvía a la vieja acusación: "peronismo=fascismo" decía que la gran diferencia (existen muchas) entre estas dos ideas políticas estaba dada en que si bien ambas recogían las mismas ideas como valores contrarreferenciales (productivismo y justicia social) la cuasi dictadura desarrollista italiana puso el acento en el productivismo y el peronismo -como la mayoría de los populismos latinoamericanos- en la justicia social como equilibrante de la desigualdad proveniente de la tendencia del capitalismo a acumular y maximizar ganancias a costa del sacrifico de los pueblos. Para graficar -y con gran margen de error- podemos decir que si el fascismo tiene que devaluar y/o mantener tipo de cambio alto y alta inflación para mantener las condiciones de productividad con un exorbitante margen de ganancia a costa del empobrecimiento y expoliación de los mas humildes en beneficio de los más ricos lo hará, en cambio el peronista no debiera.

Uno de los empresarios que podriamos sindicar como máscarón de proa de la burguesía industrial que actúa en el "universo" nación argentina es Paolo Rocca, su familia dió un formidable impulso-desde su llegada al pais en 1945- al sector de la burguesía industrial que finalmente desplazó de la conducción del bloque hegemonico reactivo (de la reacción) al sector agricolo ganadero, podemos decir que libre de la atadura nacional (el nacionalismo), el grupo Rocca se ha comportado como empresa global, sin solidaridad activa (más allá del marketing) con la población nativa.

Algunos lo llaman grupo Italiano, otros italo-argentino, lo cierto que el grupo ahora es "luxemburgués" al menos en los papeles.

Pero el caracter mismo de nave insignia del empresariado vernáculo a veces repercute en la viscera más sensible del grupo, en otras palabras "no es gratis", es mucho lo que se gana y mucho lo que se pierde. Para tener idea de las dimensiones de negocios que andan rondando basta este botón de muestra.
Para el grupo de Paolo Rocca se trata de una obra de carácter estratégico porque significaría el regreso de Techint a la obra pública. Es que desde que entró en guerra con el kirchnerismo Techint, quedó afuera de las grandes obras del país -sólo le quedó un contrato anterior que tenía para hacer el dique Caracoles en San Juan-.

No se trata de un tema menor para Techint. En estos años su constructora se tuvo que concentrar en proyectos privados y su facturación bajó de 10 mil millones por año a 1.000 millones. (para leer más cliquear aqui)
Obviamente que esos negocios no se han perdido, han ido a parar a otros grupos empresarios. El productivismo de la AEA sufre un golpe tras otro y a su vez contraataca exigiendo el fin de la "corrupción" estatal (la privada parece que no existe).

Y ahi quedamos. A pesar de las páritarias, de la AUH, de las jubilaciones de prepo y de los millones de puestos de trabajo recuperados aun estamos lejos de la idea del país de la justicia social. En los hechos estamos trabados en un punto muerto en las operaciones de poder, los grupos empresariales siguen acumulando, no tanto como quisieran y el pueblo no puede sortear el dique impuesto por el modelo de acumulación.

Quedamos en los hechos cerca del fascismo y muy lejos del peronismo y tenemos que pensar como avanzamos no a otro casillero del juego de la oca, sino a otro tablero y a otro juego donde no nos manejemos con las reglas del empresariado sea amigo o enemigo. Con sus reglas ganan ellos, sean del sector que sean.

Por ahora empecemos a anotar en una libretita los datos que nos van dando idea sobre el volumen de negocios de los que hablamos, fundamental para proyectarlo hacia toda la producción nacional industrial (incluido el agro tecnificado) y darse una idea de la plusvalía que anda dando vuelta mientras nosotros nos entretenemos hablando de "colectoras" o de "los barones del conurbano".

Mientras superamos nuestras disputas (resultan muy funcionales los que tienen de enemigos a los que estamos adentro) recordemos la sentencia de Samir Amín respecto a que aprovechemos las grietas de las pujas entre sectores pero no nos confundamos creyendo que hay entre ellos buenos y malos, avaros y filantropos: “El capitalismo está hecho de contradicciones y toda empresa capitalista se encuentra al mismo tiempo asociada pero también en conflicto con el vecino, pero esto no les impide tener intereses comunes. Están en conflicto mercantil, yo diría, en competencia permanente, pero también tienen intereses comunes y son estos intereses comunes la nueva base del imperialismo colectivo”.

Más allá de las versiones del quiebre de la relación entre Techint y el gobierno (hay cada una dando vueltas que no vale la pena tenerlas en cuenta) es hora de hacer la gran Scalabrini, llamar a las cosas por su nombre y pasar de un antiimperialismo teórico a uno práctico, no sea cosa que festejemos por "soberana" la incautación de una valija mientras la riqueza se escapa de nuestra manos sin poder retener más que lo suficiente para subsistir, no sea cosa que llamemos "nacionalismo" a la quema de una bandera de determinado pais mientras son los que creemos "compatriotas" los que nos expolian.

O.b